miércoles, agosto 15, 2007

Un unico toque.

Ante la prueba irrefutable
de tu huella digital,
de ese tacto al tocar
de ese roce al imaginar,
mis poros ovacionan

la gloria de tu acto.

El tiempo ya no es dueño
de sus segundos cansados
no hay breve-edad
ni eternidad en el acto célebre
del recorrido que auspicias
con la punta de tus dedos.

Me convierto en arena levantada por el aire,
transmuto en aguaceros y lava hirviente,
me desprendo de los pasamanos
y de los botones del ascensor
para irme sobre alguna piel
buscando la tuya.

Pero sólo una huella me ha dejado inmune,
sólo un toque puede
construir senderos infinitos de piedrecillas
y hojas caídas, hermosas innumerables
por donde mis pies se deslizan,
suavemente,
sin resistencia.

Imagíname,
temblando como tiembla el tambor
después del azote de unas manos prodigios
que le dan vida.
Muriendo, resucitando,
en una multitud de poros
que te reclaman y te aplauden.
Que te ovacionan.

3 comentarios:

sauldadá dijo...

amarilis saludos, espero estes mejor del tobillo, te linkie
besos y prontas recuperaciones
j

Carlos Vázquez Cruz dijo...

La "prueba irrefutable de tu huella digital", los "poros [que] ovacionan / la gloria de tu tacto", el "recorrido que auspicias / con la punta de tus dedos" y "para irme sobre alguna piel / buscando la tuya", me dejaron mal... ¡muy mal! Existe otra palabra que sustituye ese "mal", pero es mal-o decirla.

direccion@elpaisliterario.com dijo...

bellísimo poema, la ovación te la doy desdes el sentimiento agolpado en el corazón ante tanta palabra llena de vida.Besitos.Paco.