De pie.
Ha caído el vestido y los surcos del piso
se han llenado con tu ropa.
Nada parece detener el impulso
vertiginoso
de tu abdomen sobre mi pelvis.
nada frena tu forma de romperme
hilos
y hacerme botones el pecho.
Se abre tu mano y detienes todo
el brebaje
que tiñe transparentes las multiplicaciones y cálculos.
Debajo de ti
me reviento contra las lozas
rasgo la imagen de inocencia que te acosa el rostro
te anidas en mis muslos
despoblamos el tiempo
a mordiscos
lamiéndolo
quebrándolo como
vidrio sobre las rocas.
Me entregas cada
sílaba curtida de viento
encorvas tu columna en un intento de fuga
gritando
apretando con rabia los labios
para no despertar a los que
duermen
para no turbar a los que velan
para no preñar de ideas
a quien no nos merece.
Me tienes
me entrego
me multiplico
me amarras.
Soy esta mujer
distinta a las que conoces
esta mujer
que disfrutas como a nadie.
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