Por Delmaris Hernández Colón
Tres poemarios de Amarilis Tavárez y tres maneras de acercarme a lo que somos y a lo que cargamos. En Larga jornada en el trópico fui agua, isla, horizonte y esa contradicción tan nuestra entre pertenecer y mirar hacia otras orillas. El silencio de las hormigas me tocó desde un lugar mucho más personal: como lectora, pero también como médica. Me recordó cuánto puede ocurrir dentro de un cuerpo sin que los demás alcancen a verlo. Y Realid(h)ades fue, sencillamente, hermoso: reconocerse en todas las versiones que nos habitan y entender que también hay libertad en sabernos inconclusas.
Tres lecturas distintas, pero atravesadas por algo
que encontré una y otra vez en Amarilis: una forma de escribir el
cuerpo, la identidad y la memoria hasta volverlos territorio.
1. Larga jornada en el trópico
Isla hecha cuerpo, mar hecho memoria: raíces,
heridas, partidas y regresos que cuentan todo lo que heredamos, lo que nos
obliga a irnos y lo que, por más lejos que lleguemos, nunca termina de soltarnos.
Lo que encontré en
estas páginas
En estas páginas encontré una identidad
construida desde el mar. El agua es origen y frontera, pertenencia y distancia.
Rodea la isla, pero también entra al cuerpo hasta convertirse en una manera de
nombrarse.
Ser isleña es aprender a vivir mirando
el horizonte. También encontré la
contradicción de pertenecer profundamente a un lugar y crecer sabiendo que quizás
habrá
que partir.
Pero Amarilis amplía ese viaje
hacia una memoria compartida: islas unidas por el mar, la migración, la
historia y todo aquello que el imaginario del paraíso
no alcanza a contar.
Irse puede ser parte de nuestra historia. Olvidar es
otra cosa.
Me quedó esa sensación tan nuestra de amar una isla mientras
miramos constantemente más allá de ella. De
saber que el mar puede separarnos y, al mismo tiempo, reconocernos en él. Que
podemos partir, regresar o terminar en otra orilla y seguir llevando la isla
dentro. Quizás eso fue lo que más me gustó:
entender que una isla no termina donde comienza el mar.
Versos que me impactaron
«quien nos afirma no es la tierra.
sino el mar.
el océano junta a los isleños
en la intimidad de su vientre.»
«isleñas nativas
somos siempre la posibilidad de un barco.
un viaje.
algún puerto.
otro naufragio.»
«he volcado la imaginación a una añoranza ajena.
dentro de mi carne palpita
un pasado que no conocí.»
2. El silencio de las hormigas
Hay dolores que hacen ruido solo para quien los
habita.
Lo que encontré en
estas páginas
En El silencio de las hormigas, el cuerpo nunca
puede olvidarse de sí mismo.
Hay agujas, controles, síntomas,
cansancio, miedo.
La enfermedad atraviesa lo cotidiano hasta convertir
la salud en el deseo más sencillo y, a la vez, más
inmenso.
El cuerpo deja de ser refugio para convertirse en
algo que hay que negociar todos los días. Pero Amarilis no escribe únicamente
sobre enfermar. Escribe sobre tener que explicar el propio dolor, sobre no
sentirse creída, sobre todo lo que ocurre silenciosamente
mientras desde afuera la vida parece continuar.
Quizás por eso las hormigas son una imagen tan poderosa: pequeñas, persistentes, invisibles para los demás y absolutamente reales para quien las siente.
Lo que permanece
Este poemario me atravesó también
como médica. En un país donde tantas veces los servicios de salud ocurren
entre carencias, prisa y sistemas que no alcanzan, me recordó que
un diagnóstico nunca cuenta la historia completa de un cuerpo. Escuchar,
creer y reconocer el dolor de quien tenemos delante también forma
parte de cuidar. Y como médica, espero
no fallarle nunca a quien llegue hasta mí buscando algo más que un diagnóstico: sentirse vista, escuchada y
validada.
Versos que me impactaron
«El cuerpo como aliado. No.
El cuerpo como amigo. No.»
«Pero la tristeza no se razona
se siente y punto.»
«Sencillamente que entiendan
que muchos cuerpos abren los días a
machetazo limpio.»
3. Realid(h)ades
Un viaje hacia todas las versiones que nos habitan,
hasta descubrir que también hay belleza y libertad en sabernos inconclusas.
Lo que encontré en
estas páginas
Realid(h)ades se siente como mirarse de frente y
encontrarse hecha de muchas versiones.
La mujer que ha sido, la que otros esperan que sea,
la que ama, teme, desea, recuerda y todavía se pregunta.
Una identidad que no termina de escribirse porque
sigue viviendo.
Hay algo muy hermoso en esa insistencia por quitarse
capas: prejuicios, reglas, silencios, expectativas.
No para encontrar debajo una versión perfecta, sino una más propia. Una capaz de habitar sus contradicciones sin esconderlas.
Lo que permanece
Me pareció un poemario profundamente hermoso porque, entre
tantas realidades, sentí una celebración de estar viva. Me
recordó que conocernos no siempre significa llegar a una
respuesta. Podemos ser certeza y duda, pasado y deseo, miedo y
valentía. Podemos cambiarnos de nombre por dentro muchas
veces. Y qué hermoso pensar que también
hay libertad en seguir descubriéndonos.
Versos que me impactaron
«Hay toda una vida
mi vida
en estas manos encalladas»
«Estoy descubriéndome.»
«Desnuda
para saberme sin corazas
ni máscaras
y respirar sin dificultad.»
«La luz no se apagó completamente;
comprendió que mi miedo era real.
Entonces
me hizo compañía.»
«En ellas mi vida quedó marcada.
Rastros de tinta que desde pequeña me han
manchado
y centenares de palabras
que se desnudan en papeles.»
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Delmaris Hernández Colón, natural de Orocovis, Puerto Rico, es autora y divulgadora literaria a través de la plataforma Bookstagramer RX Literaria. Médica generalista de profesión, es también cofundadora de Aleph Solutions LLC, desde donde ejerce la telemedicina primaria y preventiva bajo HC Health Care. Además, ofrece, de lunes a viernes, servicios presenciales de atención primaria y preventiva en el pueblo de San Lorenzo, Puerto Rico. Su práctica médica integra un enfoque de intervención orientado hacia la sensibilidad cultural. Lectora voraz y apasionada por las letras, cultiva un especial interés por la literatura clásica y contemporánea, así como por la poesía.




