Letras de Trapo
viernes, junio 05, 2026
26.
viernes, junio 13, 2025
Un poema exacto
Resulta que busco el espacio exacto para guardarme.
Estoy cansada de lidiar con cuestionamientos y controles.
Se nos está rompiendo el tiempo en los bolsillos.
Las noches no descansan a mi lado y sigo
escupiendo poemas sobre las hojas cuadriculadas
como mi cuerpo, como mi psiquis, como mi soledad.
Aún quiero escribir y nada surge.
Avanzo con urgencia porque a las hormigas nunca se les gana.
Levantarme.
Que se caliente el cuerpo y despierten mis manos y mis pies.
Este ardor ya ha alcanzado mi espíritu
y no hay humo que me traiga de vuelta.
Solo quiero escribir un poema
con el talle exacto
para guardarme.
jueves, enero 05, 2023
Si preguntan por mi, digan que salí a buscarme por Tomás-Néstor Martínez Alvarez
Si preguntan por mi, digan que salí a buscarme
ón Jiménez o del astorgano Ricardo Gullón, leía poemas con poetas puertorriqueños; allí se encontraba Amarilis Tavárez Vales (Camuy, 1974), la poeta cuyo libro Larga jornada en el trópico (2015) me había seguido con mirada interrogante y aparentemente dispersa. Sin más devaneos, debió pensar el libro aquel, un poemario, que se trataba de un lector curioso recién llegado desde otro horizonte atlántico.
De los poemarios de Amarilis Tavárez anteriores a este quisiera destacar Realid(h)ades(2006) y Hastío (2014). En ambos, tras su título, se desvela hacia dónde puede dirigir su mirada quien se asome a sus páginas. En el primero, la poeta echa al suelo velos, cortinas o encubrimientos; se adentra en un hades personal, también colectivo, como encuentro emocional consigo misma y con quien espera al otro lado de las páginas, en los poemas. Lo muestran sus versos tal cual lo vive, como lo siente. Está convencida la poeta de que “todos tenemos un infierno dentro, aunque algunos se empeñan en aparentar que se trata de un paraíso”. Ahí, sin titubeos, se pone de cara a la realidad de las realidades del vivir o, tal vez, del soñar; es el mundo que encierra en sí misma y lo muestra tal cual. Realidades pudo haber sido también otro título para el poemario, más genérico y diluido.
Y tras unos versos del poema ‘Volver’ se puede sospechar hacia qué o en qué espacio para (des)orientar se detiene la palabra poética en Hastío: “Yo necesito volver a mi pueblo chico / y morir allí sin grandes sucesos / en la precisa línea de lo maravilloso”.
Voz turgente y severa, ¿acaso serena?, nunca dócil la de la poeta, que no teme pisar los charcos ni cree que los nubarrones sean únicamente parte de la escenografía del día a día.
“Si no fuera por la poesía, estaría loca… no es que ahora no lo esté, pero sería una loca enferma. Desde niña soy rebelde… la persona que escribe poesía es un inconforme por naturaleza. Siempre va más allá, nos espatarramos fuera de los límites permitidos, transgredimos los perímetros establecidos”, comenta Amarilis. En esa misma dirección transgresora recuerdo unas palabras de Jiddu Krishnamurti; no es saludable, asegura, estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma. Un texto poético, un poema deben desobedecer el lenguaje común y vadear corrientes o cualquier forma de sometimiento.
En Larga jornada en el trópico resuena una voz poética que viene de lejos; la poeta, a la escucha, (re)vive un tiempo de muy atrás; memoria y recuerdos, ya símbolos: nadar, volar, partir o quedarse, regresar o… Los poemas recogen una y muchas largas jornadas, uno y muchos tiempos. “tenemos un puerto entre las costillas. / así nos llegó el espejo, la cadena, el látigo. / migró el oro, la sangre, el areyto. / trajeron la religión de cruces y espadas. / religión de tambores y canciones” (‘Tierras de tambor y sal’). La poesía, recalca Antonio Gamoneda, poeta necesario, “si no tiene relación directa con la vida, no es poesía”.
Salitre, balcones, agua, y olas, colmados, orillas de acá o de allá, apagones, el no regreso -“nos vamos y nos quedamos”-, un bote, extraña libertad extraña, “huracanes, sequías, variable nubosidad”, aguaceros y siempre isla-islas-(a)isla(da). La isla -“ustedes. yo. / nosotros. // islas.”- en este poemario se convierte en pasión y dolor, obsesión, horizonte y mirada ciega. La voz poética somatiza la palabra ‘isla’ hasta convertirla en espejo cóncavo en el que se mira y desde el que observa el devenir y los vaivenes de la (des)esperanza. “tu isla y mi isla / complicidad milenaria. huella digital bordada en la cintura. / el baile en nuestros pies / y los amaneceres repletos de luz” (‘Entre tu isla y la mía’). Desde esa palabra va repasando la vida; en los poemas, como faros guía en la noche, exhibe “todas las ásperas formas de contar la vida” con intensidad y belleza, nunca ausente la belleza creadora de imágenes, sin entregarse al embeleso. La realidad poética que va creando Amarilis con “milagros verbales” -y ahí está la perplejidad ante el inmenso caudal significativo e inesperado de la palabra-, es una mirada personal a la cotidianeidad enraizada en el tiempo propio y ajeno, vivido o, tal vez, soñado.
La poeta puertorriqueña recuerda con frecuencia, “me sano emocionalmente escribiendo”; sin embargo, para Farugh Farrojzad, también poeta, persa, la poesía es como un amigo íntimo con el cual puedo descargar mi corazón.
Cada ola del mar Caribe, cada marea bravía o muda es una pulsación que marca el ritmo del corazón de Amarilis Tavárez como lo hacen el guaguancó o la bachata. El clima, sin embargo, “diseña la mirada” y la orienta hacia algún otro trópico, real o imaginado. Cualquier isla es hija del mar, de los vientos y huracanes, de la vecindad negada. Hay una isla, posiblemente con nombre propio, que ha quedado a vivir en Amarilis y en los poemas de este libro; ella es consciente de que “escribe hasta cuando no escribe”.
Todas las islas, al fin, son cualquier isla.
Aún es tiempo de Poesía; siempre será tiempo para la Poesía.
martes, enero 23, 2018
hastío por Mía Gallegos
miércoles, julio 30, 2014
volver
lunes, mayo 12, 2014
hastío
lunes, febrero 17, 2014
mapa de la muerte
miércoles, noviembre 13, 2013
miedo
que nos llevaban con calma
los momentos en que el miedo se nos cruza se multiplican
saluda con cierta gracia los botones abiertos de nuestro pecho
sigue su camino de largo
sin inmutarse si quiera a decirnos "tranquilo contigo no es la cosa"
nos habita el miedo
no sentimos miedo
reconocemos al miedo
anda huérfano el miedo
el disparo ha dejado de cortarnos el aire
el sonido de la guerra se alberga en la sala del hogar
halamos el gatillo como quien hala una fruta madura
de un árbol en temporada
se multiplican los miedos cruzados en nuestros momentos
queremos ignorarlos
obviarlos
decir que no nos toca
y los comemos sin remordimiento
sin conciencia
con gula
domingo, agosto 11, 2013
los dedos saltan de las manos
observan toda la habitación
ellos saben que de sus pulsaciones
podría nacer un nuevo mundo.
auscultan bajo las sábanas amarillas los rastros
que quedaron del día.
sienten el humo pegado a la carne
los sonidos escabrosos de la noche.
todo lo reciben sus antenas finas de capilares y nervios.
caminan alrededor de ese cuerpo que respira profundo
tantean la piel caída y las bacterias
palpan la suavidad de tantos vellos regados.
reconocen que su despertar es un dolor agudo para ese cuerpo.
entonces, un movimiento los aleja.
nerviosos y tambaleantes se cosen nuevamente a las manos.
repentinamente dejan de ser libres
sienten el fluir tibio de la sangre.
desglosan el sabor de aquella planicie
y se preparan como diez fieles soldados
a regresar a la inconsciencia
de estar despiertos.
foto de Ana Campos. http://www.flickr.com/photos/justcaptureverything/6612886339/lightbox/








