lunes, noviembre 02, 2026

“Cada poeta tiene su huella digital”

Entrevista por: Wilkins Román Samot 

Para Letralia (Venezuela) 11 de octubre de 2026


Nacida en Camuy, Puerto Rico en 1974, Amarilis Tavárez Vales es una escritora con estudios en sociología y sicología de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, así como una maestría en Estudios de la Mujer y Género de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Su primer libro, Realid(h)ades, vio la luz en 2006 gracias a Isla Negra Editores. Además, ha contribuido con su obra en diversas revistas literarias como Guasábara, El Sótano 00931, Letras Salvajes, Prometeo Digital, Taller Literario o Cupey. Su talento literario también ha sido reconocido en diversas antologías como Edición mínima: poesía y cuento (2006), (Per)versiones desde el paraíso: poesía puertorriqueña de entre siglos (2008), Los rostros de la Hidra (2008), Poesía de Puerto Rico: cinco décadas (1950-2000) (2009), El libro verde (2012) y Plomos: antología de poesía puertorriqueña (2012), entre otras. Además, ha participado en festivales de poesía en Cartagena, Colombia, Panamá, República Dominicana y Ecuador. Cofundadora y miembro de la junta editorial de la revista literaria El Sótano 00931, Tavárez Vales es una voz destacada en la escena literaria contemporánea. Ella ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

En 2023 publicó usted El silencio de las hormigas. ¿De qué trata este libro y cómo recorre usted entre la literatura y la realidad o no ficción? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

En referencia al texto El silencio de las hormigas, es una mirada como paciente hastiada, cansada y en rebeldía a las experiencias que tuve y tengo con mi condición de diabetes T1, entre otras. Lo que enfrenté cuando aún no había tantos adelantos médicos para el tratamiento de la misma, mi temor y frustración a las agujas y el terror a futuras complicaciones desde el momento del diagnóstico. Quise enfrentar mis quejas e inadaptaciones, mis temores y mis dolencias desde lo poético, porque de alguna forma, cuando escribo, logro ponerle cascabeles a mis inquietudes, a mi sentir, a mis urgencias. Las identifico de mejor manera y en el proceso de escribir me cuestiono, me contesto, me busco y me encuentro o me pierdo. Tardo un poco, pues soy lenta en mi escritura y ésta me lleva por rieles de autocrítica dura; sin embargo, esa inexplicable “calma procesal” le va dando sentido a mis expectativas. Hay mucha realidad, pero también abrazos a la ficción para exponer, sin ser tan vulnerable, temas filosos, hermosos y difíciles como la familia, la fe, la muerte, la impotencia, la unidad y el apoyo que me mantuvo firme. También busco tocar ligeramente lo que representa el sistema de salud en nuestro país, el recorrer escolar, el choque entre ser pobre y enfrentar los cambios en dieta, medicamentos y parafernalia para tratar la condición (glucómetro, tirillas, jeringuillas, lancetas, alcohol, pastillas de glucosa, entre otras) que tanto antes como ahora son muy costosos y limitados.

Hace años tuve la inquietud respecto al tema, partiendo de mi experiencia. Tal y como suele ocurrir, la diabetes, en mi caso la Tipo 1, tiene complicaciones. Un especialista me dijo en una ocasión, “la diabetes es una condición autoinmune con demasiados casos que terminan en complicaciones serias; riñones, corazón, problemas neurológicos, vista, heridas o golpes que no curan, amputaciones, memoria, no seguiré mencionando. El cuidado es constante, la toma de decisiones, la evaluación diaria para estar en control, sin duda alguna es una condición que cansa y frustra”. El texto no es un paper científico o producto de una investigación. Es mi experiencia, mi cansancio. Sé que para otros diabéticos T1 también lo es y para todos aquellos pacientes con condiciones autoinmunes, afecciones que no se ven, no se notan, el camino es complicado, cansón y frustrante. Aun a mis cincuenta años, con casi cuarenta años de cargar un páncreas que funciona parcialmente, sigo redescubriendo cómo mantenerme viva, en control e intentando aminorar las complicaciones que ya tengo. Cualquier enfermedad o condición es difícil. Quise compartir lo que ha sido vivir entre el miedo y el dolor, el cansancio y la fe que alguna vez tuve, la aceptación y las ganas de querer levantarme nuevamente y seguir.

¿Qué relación tiene El silencio de las hormigas con su trabajo creativo o no anterior y hoy?

En mi trabajo creativo existen lazos claros. Hay relación intrínseca con lo que llamamos vida; constantemente voy a lo que fue mi niñez, mi crianza, las cosas que enfrenté como niña/mujer, pobre, de la zona rural de Puerto Rico (que conlleva también otras connotaciones), criada en el protestantismo pentecostal caribeño y la adultez con sus complejidades y liberaciones. Cada uno de ellos tiene señalamientos, acrobacias para mantenerme a flote y la rabia de ponderar mi identidad y también la muerte —esperarla o fantasearla.

Si compara su crecimiento y madurez como persona y poeta, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo o no previo a El silencio de las hormigas con el de hoy?

Anda pal cará... puedo mencionarte los intentos. Intento no repetirme, intento ser fiel a mis convicciones y procesos con todas mis contradicciones, intento exponerme ante quienes considero maestros o mentores para seguir creciendo. Leo y acaricio con hambre y lujuria la poesía de otros porque ellos van moldeando y acercándome. Puedo identificar que soy diferente en muchísimas cosas, sé que no soy para nada académica, no tengo la sapiencia de otros tantos poetas y mi poética es básicamente lo que vivo día a día. He tenido crecimiento, claro que sí. Y siempre hay que reconocer que uno crece gracias a otros que toman el tiempo y el compromiso de acompañarte, de dialogar sobre lo que escribes o escriben, sobre lo que lees.

¿Cómo visualiza su trabajo creativo o no con el de su núcleo generacional de escritores y poetas con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera?

He mantenido comunión con escritores cercanos a mi edad, otros mayores y también con los que van surgiendo. Cada poeta tiene su huella digital, yo busco seguir leyendo y creciendo. Por lo tanto, mi trabajo conversa y se entrelaza con muchos de mis pares poetas o mis maestros. Eso me nutre y nutre mis ideas, mi visión de mundo. Ahora enfrento problemas de memoria debido a cambios isquémicos por los bajones de azúcar; esto me dificulta mucho a la hora de leer y evocar escritos que me han marcado; sin embargo, siempre tengo los libros para volver a ellos y colegas a quienes acudir. Soy parte de aquel colectivo maravilloso que surgió a finales de los 90, principio de los 2000, El Sótano 00931. Este brebaje abrió todos mis sentidos para querer volar. Ellos fueron cedazo, filtro y recipientes para mi crecimiento. Compañeros como Julio César Pol y Carlos Vázquez, que con rectitud y entrega me instruyeron, también Juan González, David Capielo, Federico Irizarry Natal, Kattia Chico, Zuleika Pagan, Mirna Estrella, Jaqueline Rivera. Los menciono porque sin esa barca, mi trabajo creativo no hubiese llegado a estas orillas. Con este colectivo conocí un universo de escritores del que ya no pude salir ilesa. Y desde entonces, busco continuar añadiendo ladrillos a la muralla. Conocí los poetas de Guajana, Zona de Carga y Descarga, Tonguas, los poetas del 70, los del 80; hicimos lecturas con poetas como Lorena Santos Silva, Rosario Ferré, Manuel de la Puebla, Lolita Lebrón, entre otros. He leído y compartido con casi todos los poetas de mi generación. Gocé del ojo y la mentoría de Mayra Santos Febres, Mayrim Cruz Bernal, la instrucción y crítica de la doctora Liza Fernanda, recomendaciones de libreros como Luis, Eddie y Samuel, en fin. Aunque escribir es un ejercicio muchas veces solitario, en mi caso, escribir no ha sido un recorrido falto de compañía en todo el sentido. Hay una comunión constante. La madurez y el crecimiento, si lo ha habido, han sido en compañía. Por ello, muchas veces se conversa, se tienen ideas paralelas o que chocan, se recibe influencias. Intento no mencionar nombres para que nadie quede fuera, así que invito a que conozcan las obras de poetas contemporáneos y verán cómo incluso algunos libros parecieran tener conversaciones y similitudes en algunos temas, en los ritmos o en la manera de mirar nuestra sociedad y procesos de vida.

¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo o no dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares, bien sean escritores y poetas?

Siendo sincera, en ocasiones siento que soy de las más extrañas dentro del circuito (por llamarle de alguna manera) poético. No por lo que escribo, sino por cómo lo escribo y mi personalidad. Otras veces, cuando las reacciones llegan a mí, me siento honrada. Como dije más o menos en la respuesta anterior, no es posible transitar sola estos caminos. Vivo en comunidad, aunque soy distante y anónima. Busco leer desde ancestros como Julia de Burgos y Anjelamaría Dávila, Hugo Margenat y Edwin Reyes hasta mis cómplices o colegas poetas actuales. Si han posado sus ojos sobre algún verso mío, ya me cuenta como recibido. Lo que me comentan, sus reacciones a mis lecturas, son la medida para educarme, editarme, crecer, evaluarme y lanzarme.

Sé que usted es de Camuy, Puerto Rico. ¿Se considera una autora puertorriqueña o no? O, más bien, una autora de literatura o poesía, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Me considero una escritora puertorriqueña, isleña y caribeña. Soy parte de este Caribe multirrítmico y musical, de distintos idiomas y con arterias similares. Poseo la capacidad y la imaginación ocasional para ubicarme en otros escenarios. Me encantaría ser alguien más en ocasiones, esto concretamente porque soy curiosa y por la fascinación que provoca tener otras salidas. Mas mi realidad inmediata es esto. Lo que soy. Lo más que he estado fuera de la isla han sido tres meses. Cuando conozco otros países y su cultura o literatura, me enamoro (no han sido muchos), pero esta mujer que fue criada muy cercana al mar, en un pueblo costero, no se visualiza cómodamente fuera del oleaje y el salitre. Si algún día cambio de sentir, lo diré, pero por ahora sólo estas identidades me abarcan.

¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con o en su trabajo creativo o no?

Todo va de la mano. Escribo de lo que conozco, de mi cotidianidad, escribo de las situaciones que me afectan o identifican, como la religión, los sistemas de nuestra sociedad, los constructos sociales con los que he tenido que lidiar, deconstruir y redefinir. Integro mi proceso de vida para compartirlo, no para convencer. Sobre lo político, ya de por sí escribir es un acto político, pero también he tenido épocas en que he asumido posturas más concretas sobre asuntos como el estatus, derechos, libertades, concesiones y limitaciones como la colonia que somos. Escribo en español porque no domino otro idioma y porque todo mi cuerpo siente en ese idioma, impuesto pero claramente bello. En cada libro florecen estos asuntos. Trabajo lentamente un texto sobre nuestra intervención con el mundo animal, con la fauna y la flora, con el aire, el agua, el medio ambiente. Intento compartirme para ser más universal y que tanto pueda tocar a un boricua como a alguien de otro lugar. En mi primer poemario, Realid(h)ades, toco el asunto de ser mujer, enfrentar todas las implicaciones que conlleva ser mujer como se nos ha impuesto; toco además puntos que atañen al país desde una ciudad metropolitana, sus ruidos, la violencia, su ajoro diario, la salud, el vecindario y las ilusiones de lo que nombran amor. Hastío (el segundo) es pura rabia contra el sistema que nos rige. La burocracia que obstaculiza el buen funcionamiento del país, la religión que sólo nos permite ver sin matices y que nos apresa y reprime. Algunas críticas coincidieron en el concepto de spleen y el agotamiento que se expresa en los poemas. En el tercer poemario, Larga jornada en el trópico, con el que participé en el certamen del ICP y fue mención en 2013, busco mostrar mi percepción como isleña criada frente al mar y que no sabe nadar. Busco demostrar las complejidades que nos trae el ser una isla, parte de un archipiélago en el Caribe y como colonia. Paraíso para unos, cárcel para otros. 

¿Cómo se integra su trabajo creativo o no a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de, entre otras facetas, escritora y poeta hoy?

Expreso lo que he vivido o lo que observo en mis textos. Luego los textos se van acercando a mí desde esquinas que no sospeché. No he intentado aún escribir algo que no haya tocado con sus tentáculos mi cotidianidad o vivencias. Hay cositas iniciadas que se vuelcan y son pura imaginación, pero me es dificultoso.Cómo nadamos en toda nuestra historia y antropología, ya partida y eclipsada por versiones distintas. Toda la herencia que hemos recibido del trasiego de esclavos, la significancia del agua —lluvia, huracanes, inundaciones, sequías. Ese sortilegio que es el trópico. Y ahora, el asunto del dolor, las condiciones de vida, los sistemas, los modos, el miedo a las agujas de una niña y su pronóstico de morir joven porque “o te cuidas o te van a cortar las piernas”, “te puedes morir en cualquier momento” (médicos de hace cuarenta años). Qué bueno que esas dinámicas se han modificado.

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo o no y a la temática de éste? ¿Cómo ha variado?

Bueno, antes, siendo joven, era un poco más atrevida y “lanzada”. Leer en público atraía a la gente porque me vivía con más ahínco el poema leído. Era fantástico para mí que me pidieran leer algo o ponían textos en mis manos para que les diera voz. Mientras pasa el tiempo, soy más tímida y anónima. Tampoco se me hace fácil evaluarme porque soy cobarde. ¡Ja! Sin embargo, hay quienes me apoyan y me dan el empujón que necesito para continuar. A veces siento que varios poemas no han perdido vigencia, otros ya no me saben igual. La recepción de los lectores y otros escritores es crucial para la tierra. Es el abono. Escribo primero para mí y luego de trabajar el texto, cuando siento que está listo, es para todo el que quiera leerme.

¿Qué otros proyectos creativos tiene usted pendientes y recientes?

En este momento me concentro en terminar de promover El silencio de las hormigas, publicado por Trabalis Editores. Es un texto muy personal que me vulnerabiliza y me expone. Para finales de año quisiera tener una edición revisada de Larga jornada en el trópico, que ha sido un texto bien recibido, versión bilingüe, y para el siguiente poemario, si me convenzo, un texto sobre nuestro medio ambiente y nuestra destrucción, siempre con temas sociales. También trabajo unas crónicas que recogerán lo que he vivido siendo criada dentro del protestantismo pentecostal caribeño, sus repercusiones en mi manera de ver el mundo, sus aciertos y desaciertos desde mi mirada, el proceso de atreverme a acariciar otras creencias o la no creencia y el distanciamiento o cercanía a lo que conocemos como la fe. Es una mirada muy particular y personal pues reconstruyo desde mis recuerdos, las vivencias y vuelvo a acercarme a las sensaciones. Todo esto, consciente de que tengo problemas de memoria (aunque mi infancia fluye más amigable).

Escritor puertorriqueño (Puerto Rico, 1976). Cursó estudios de Bachillerato en Artes en la Universidad de Puerto Rico, especializándose en Sociología (B.A., 1998). Completó su educación terciaria en Puerto Rico con un Doctorado en Derecho de la Escuela de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico (J.D., 2004) y una Maestría en Artes del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (San Juan, Puerto Rico), especializándose en Estudios Puertorriqueños y del Caribe (M.A., 2005). En la Universidad de Salamanca (Salamanca, España) realizó estudios superiores y avanzados en Antropología Social y Derecho Constitucional (DES-DEA, 2004-2006). Obtuvo su título de doctor de la Universidad de Salamanca en 2010. Su Tribunal de Tesis calificó su disertación doctoral con un Sobresaliente “Cum Laude” por unanimidad. Posteriormente, la Comisión de Doctorado y Postgrado de la Universidad de Salamanca le concedió el Premio Extraordinario de Doctorado en Ciencias Sociales (2009-2010). Sus principales investigaciones están publicadas por, entre otras entidades, el Instituto de Derecho, el Instituto de Estudios del Caribe y el Instituto de Antropología del Derecho. Otros de sus trabajos de investigación han sido publicados por revistas de la Universidad de Puerto Rico, la Escuela de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico y el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile. Parte de su obra literaria ha sido publicada en El Sótano 00931 y Panfletonegro. Su obra literaria ha sido presentada en la Sala Café Teatro Sylvia Rexach del Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré. La mayoría de sus investigaciones pueden ser libremente adquiridas en amazon.com, amazon.es, amazon.co.uk y, entre otras librerías, en Barnes & Noble. Ha sido conferenciante en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos, la Universidad Autónoma de Madrid, el Museo de la Historia de Ponce y la Universidad de Salamanca. Fue el decano fundador del Instituto de Derecho Avanzado, y director académico de su Programa de Educación Jurídica Continua con el Colegio de Abogados Católicos de Puerto Rico. En marzo de 2013 fue invitado a fundar la Comisión de Asuntos del Fiscal General del Estado y del Departamento de Justicia, Sección de Estado y Gobierno Local, Colegio Americano de Abogados (A.B.A., por sus siglas en inglés), Illinois, Estados Unidos de América.

sábado, octubre 03, 2026

Tres poemarios de Amarilis Tavárez

Por Delmaris Hernández Colón

Tres poemarios de Amarilis Tavárez y tres maneras de acercarme a lo que somos y a lo que cargamos. En Larga jornada en el trópico fui agua, isla, horizonte y esa contradicción tan nuestra entre pertenecer y mirar hacia otras orillas. El silencio de las hormigas me tocó desde un lugar mucho más personal: como lectora, pero también como médica. Me recordó cuánto puede ocurrir dentro de un cuerpo sin que los demás alcancen a verlo. Y Realid(h)ades fue, sencillamente, hermoso: reconocerse en todas las versiones que nos habitan y entender que también hay libertad en sabernos inconclusas.

Tres lecturas distintas, pero atravesadas por algo que encontré una y otra vez en Amarilis: una forma de escribir el cuerpo, la identidad y la memoria hasta volverlos territorio.

1. Larga jornada en el trópico

Isla hecha cuerpo, mar hecho memoria: raíces, heridas, partidas y regresos que cuentan todo lo que heredamos, lo que nos obliga a irnos y lo que, por más lejos que lleguemos, nunca termina de soltarnos.

Lo que encontré en estas páginas

En estas páginas encontré una identidad construida desde el mar. El agua es origen y frontera, pertenencia y distancia. Rodea la isla, pero también entra al cuerpo hasta convertirse en una manera de nombrarse.

Ser isleña es aprender a vivir mirando el horizonte. También encontré la contradicción de pertenecer profundamente a un lugar y crecer sabiendo que quizás habrá que partir.

Pero Amarilis amplía ese viaje hacia una memoria compartida: islas unidas por el mar, la migración, la historia y todo aquello que el imaginario del paraíso no alcanza a contar.

Irse puede ser parte de nuestra historia. Olvidar es otra cosa.

 Lo que permanece

Me quedó esa sensación tan nuestra de amar una isla mientras miramos constantemente más allá de ella. De saber que el mar puede separarnos y, al mismo tiempo, reconocernos en él. Que podemos partir, regresar o terminar en otra orilla y seguir llevando la isla dentro. Quizás eso fue lo que más me gustó: entender que una isla no termina donde comienza el mar.

Versos que me impactaron

«quien nos afirma no es la tierra.
sino el mar.
el océano junta a los isleños
en la intimidad de su vientre.»

«isleñas nativas
somos siempre la posibilidad de un barco.
un viaje.
algún puerto.
otro naufragio.»

«he volcado la imaginación a una añoranza ajena.
dentro de mi carne palpita
un pasado que no conocí.»

 

2. El silencio de las hormigas

Hay dolores que hacen ruido solo para quien los habita.

Lo que encontré en estas páginas

En El silencio de las hormigas, el cuerpo nunca puede olvidarse de sí mismo.

Hay agujas, controles, síntomas, cansancio, miedo.

La enfermedad atraviesa lo cotidiano hasta convertir la salud en el deseo más sencillo y, a la vez, más inmenso.

El cuerpo deja de ser refugio para convertirse en algo que hay que negociar todos los días. Pero Amarilis no escribe únicamente sobre enfermar. Escribe sobre tener que explicar el propio dolor, sobre no sentirse creída, sobre todo lo que ocurre silenciosamente mientras desde afuera la vida parece continuar.

Quizás por eso las hormigas son una imagen tan poderosa: pequeñas, persistentes, invisibles para los demás y absolutamente reales para quien las siente.

Lo que permanece

Este poemario me atravesó también como médica. En un país donde tantas veces los servicios de salud ocurren entre carencias, prisa y sistemas que no alcanzan, me recordó que un diagnóstico nunca cuenta la historia completa de un cuerpo. Escuchar, creer y reconocer el dolor de quien tenemos delante también forma parte de cuidar. Y como médica, espero no fallarle nunca a quien llegue hasta mí buscando algo más que un diagnóstico: sentirse vista, escuchada y validada.

Versos que me impactaron

«El cuerpo como aliado. No.
El cuerpo como amigo. No.»

«Pero la tristeza no se razona
se siente y punto.»

«Sencillamente que entiendan
que muchos cuerpos abren los días a
machetazo limpio.»

 

3. Realid(h)ades

Un viaje hacia todas las versiones que nos habitan, hasta descubrir que también hay belleza y libertad en sabernos inconclusas.

Lo que encontré en estas páginas

Realid(h)ades se siente como mirarse de frente y encontrarse hecha de muchas versiones.

La mujer que ha sido, la que otros esperan que sea, la que ama, teme, desea, recuerda y todavía se pregunta.

Una identidad que no termina de escribirse porque sigue viviendo.

Hay algo muy hermoso en esa insistencia por quitarse capas: prejuicios, reglas, silencios, expectativas.

No para encontrar debajo una versión perfecta, sino una más propia. Una capaz de habitar sus contradicciones sin esconderlas.

Lo que permanece

Me pareció un poemario profundamente hermoso porque, entre tantas realidades, sentí una celebración de estar viva. Me recordó que conocernos no siempre significa llegar a una respuesta. Podemos ser certeza y duda, pasado y deseo, miedo y valentía. Podemos cambiarnos de nombre por dentro muchas veces. Y qué hermoso pensar que también hay libertad en seguir descubriéndonos.

Versos que me impactaron

«Hay toda una vida
mi vida
en estas manos encalladas»

«Estoy descubriéndome.»

«Desnuda
para saberme sin corazas
ni máscaras
y respirar sin dificultad.»

«La luz no se apagó completamente;
comprendió que mi miedo era real.
Entonces
me hizo compañía.»

«En ellas mi vida quedó marcada.
Rastros de tinta que desde pequeña me han
manchado
y centenares de palabras
que se desnudan en papeles.»

_______________________________________________________________

Delmaris Hernández Colón, natural de Orocovis, Puerto Rico, es autora y divulgadora literaria a través de la plataforma Bookstagramer RX Literaria. Médica generalista de profesión, es también cofundadora de Aleph Solutions LLC, desde donde ejerce la telemedicina primaria y preventiva bajo HC Health Care. Además, ofrece, de lunes a viernes, servicios presenciales de atención primaria y preventiva en el pueblo de San Lorenzo, Puerto Rico. Su práctica médica integra un enfoque de intervención orientado hacia la sensibilidad cultural. Lectora voraz y apasionada por las letras, cultiva un especial interés por la literatura clásica y contemporánea, así como por la poesía.  


lunes, septiembre 07, 2026

Contenta!! Feliz.

Una obra de teatro musical original de Pregones/PRTT.

La llamada se corta, pero las voces no dejan de hablar.

Una experiencia teatral en vivo tan divertida como conmovedora: canciones, historias y poemas sobre sentirse en casa, sea donde sea ese hogar.

Deje un mensaje después...THE BEEP es la carta de amor original del teatro musical de Pregones/PRTT a la voz puertorriqueña, en todo su brío: el fuego nuyorican de Jesús Papoleto Meléndez , Magdalena Gómez y Mariposa Fernández , poetas que convirtieron el spanglish de fiesta de barrio y el blues de barrio en literatura, se encuentra con las voces de los poetas isleños Francisco Félix Canales , Rubén Ramos Colón y Amarilis Tavárez Vales , incorporados al redil gracias a la colaboración. con Luis Negrón y Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico (MAC). Diáspora y patria, llamada y respuesta, en un mismo escenario. Cuatro voces fundacionales y queridas completan la colección: Jesús Colón , Manuel Méndez Ballester , Julia de Burgos , Judith Ortiz Cofer.

THE BEEP es una producción bilingüe presentada en inglés y español con subtítulos. Recomendada para mayores de 12 años.

Adaptación y dirección de Rosalba Rolón , con composiciones y dirección musical de Desmar Guevara . Entrenador de movimiento: Arthur Avilés.


Mas información en el enlace:

https://es.pregonesprtt.org/the-beep-2026-27/ 


viernes, julio 31, 2026

Esta que disfrutas como a nadie


De pie.
Ha caído el vestido y los surcos del piso
se han llenado con tu ropa.
Nada parece detener el impulso vertiginoso
de tu abdomen sobre mi pelvis.
Nada frena tu forma de romperme hilos
y hacerme botones el pecho.
Se abre tu mano y detienes todo el brebaje
que tiñe transparentes las multiplicaciones y cálculos.

Debajo de ti
me reviento contra las lozas
rasgo la imagen de inocencia que te acosa el rostro
te anidas en mis muslos
despoblamos el tiempo
a mordiscos
lamiéndolo

quebrándolo como vidrio sobre las rocas.

Me entregas cada sílaba curtida de viento
encorvas tu columna en un intento de fuga
gimiendo
apretando con rabia los labios
mordiendo mis manos 
para no despertar a los que duermen
para no turbar a los que velan
para no preñar de ideas
a quien no nos merece.

Me tienes

me entrego

me multiplico

me amarras.

Me tomas, me muerdes de a poco

me arañas, me olfateas

quieres retenerme.


Soy esta mujer
distinta a las que conoces
esta mujer
que disfrutas como a nadie.

(C) Derechos Reservados.
(C) Copyright.

lunes, junio 15, 2026

Poema


Un poema exacto

 

Resulta que busco el espacio exacto para guardarme.

Estoy cansada de lidiar con cuestionamientos y controles.

Se nos está rompiendo el tiempo en los bolsillos.

Las noches no descansan a mi lado y sigo

escupiendo poemas sobre las hojas cuadriculadas

como mi cuerpo, como mi psiquis, como mi soledad.

 

Aún quiero escribir y nada surge.

Avanzo con urgencia porque a las hormigas nunca se les gana.

Levantarme.

Que se caliente el cuerpo y despierten mis manos y mis pies.

Este ardor ya ha alcanzado mi espíritu

y no hay humo que me traiga de vuelta.

 

Solo quiero escribir un poema

con el talle exacto

para guardarme. 


Amarilis Tavarez-Vales

 

viernes, junio 05, 2026

26.

camino erguida 
ignoro e cemento que anega mi columna 
cada hueso frígido 
se contiene con rabia 

 puedo definir este cansancio 

es estrecho como la puerta del cielo 
irrevocablemente 
injusto 


Publicado en el libro Hastío. 2015 Editorial Isla Negra.

viernes, junio 13, 2025

Un poema exacto

Libro: El silencio de las hormigas 
Amarilis Tavárez-Vales 
Trabalis Editores. 2024. Pp. 20

                                                

Resulta que busco el espacio exacto para guardarme.

Estoy cansada de lidiar con cuestionamientos y controles.

Se nos está rompiendo el tiempo en los bolsillos.

Las noches no descansan a mi lado y sigo

escupiendo poemas sobre las hojas cuadriculadas

como mi cuerpo, como mi psiquis, como mi soledad.

 

Aún quiero escribir y nada surge.

Avanzo con urgencia porque a las hormigas nunca se les gana.

Levantarme.

Que se caliente el cuerpo y despierten mis manos y mis pies.

Este ardor ya ha alcanzado mi espíritu

y no hay humo que me traiga de vuelta.

 

Solo quiero escribir un poema

con el talle exacto

para guardarme.

jueves, enero 05, 2023

Si preguntan por mi, digan que salí a buscarme por Tomás-Néstor Martínez Alvarez

Si preguntan por mi, digan que salí a buscarme



Me di cuenta de que aquel libro, desde su portada, continuaba observándome. Seguía mis movimientos con disimulo por encima del lomo. Una librería del Viejo San Juan en Puerto Rico. Y sin preámbulo alguno te dices, me digo, he de leer ese libro. Días después en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, donde aún se recuerda la docencia de Zenobia Camprubí, de Juan Ram
ón Jiménez o del astorgano Ricardo Gullón, leía poemas con poetas puertorriqueños; allí se encontraba Amarilis Tavárez Vales (Camuy, 1974), la poeta cuyo libro Larga jornada en el trópico (2015) me había seguido con mirada interrogante y aparentemente dispersa. Sin más devaneos, debió pensar el libro aquel, un poemario, que se trataba de un lector curioso recién llegado desde otro horizonte atlántico.

    

De los poemarios de Amarilis Tavárez anteriores a este quisiera destacar Realid(h)ades(2006) y Hastío (2014). En ambos, tras su título, se desvela hacia dónde puede dirigir su mirada quien se asome a sus páginas. En el primero, la poeta echa al suelo velos, cortinas o encubrimientos; se adentra en un hades personal, también colectivo, como encuentro emocional consigo misma y con quien espera al otro lado de las páginas, en los poemas. Lo muestran sus versos tal cual lo vive, como lo siente. Está convencida la poeta de que “todos tenemos un infierno dentro, aunque algunos se empeñan en aparentar que se trata de un paraíso”. Ahí, sin titubeos, se pone de cara a la realidad de las realidades del vivir o, tal vez, del soñar; es el mundo que encierra en sí misma y lo muestra tal cual. Realidades pudo haber sido también otro título para el poemario, más genérico y diluido.

     

Y tras unos versos del poema ‘Volver’ se puede sospechar hacia qué o en qué espacio para (des)orientar se detiene la palabra poética en Hastío: “Yo necesito volver a mi pueblo chico / y morir allí sin grandes sucesos / en la precisa línea de lo maravilloso”.

 

Voz turgente y severa, ¿acaso serena?, nunca dócil la de la poeta, que no teme pisar los charcos ni cree que los nubarrones sean únicamente parte de la escenografía del día a día.

    

“Si no fuera por la poesía, estaría loca… no es que ahora no lo esté, pero sería una loca enferma. Desde niña soy rebelde… la persona que escribe poesía es un inconforme por naturaleza. Siempre va más allá, nos espatarramos fuera de los límites permitidos, transgredimos los perímetros establecidos”, comenta Amarilis. En esa misma dirección transgresora recuerdo unas palabras de Jiddu Krishnamurti; no es saludable, asegura, estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma. Un texto poético, un poema deben desobedecer el lenguaje común y vadear corrientes o cualquier forma de sometimiento.

     

En Larga jornada en el trópico resuena una voz poética que viene de lejos; la poeta, a la escucha, (re)vive un tiempo de muy atrás; memoria y recuerdos, ya símbolos: nadar, volar, partir o quedarse, regresar o… Los poemas recogen una y muchas largas jornadas, uno y muchos tiempos. “tenemos un puerto entre las costillas. / así nos llegó el espejo, la cadena, el látigo. / migró el oro, la sangre, el areyto. / trajeron la religión de cruces y espadas. / religión de tambores y canciones” (‘Tierras de tambor y sal’). La poesía, recalca Antonio Gamoneda, poeta necesario, “si no tiene relación directa con la vida, no es poesía”.

 

Salitre, balcones, agua, y olas, colmados, orillas de acá o de allá, apagones, el no regreso -“nos vamos y nos quedamos”-, un bote, extraña libertad extraña, “huracanes, sequías, variable nubosidad”, aguaceros y siempre isla-islas-(a)isla(da). La isla -“ustedes. yo. / nosotros. // islas.”- en este poemario se convierte en pasión y dolor, obsesión, horizonte y mirada ciega. La voz poética somatiza la palabra ‘isla’ hasta convertirla en espejo cóncavo en el que se mira y desde el que observa el devenir y los vaivenes de la (des)esperanza. “tu isla y mi isla / complicidad milenaria. huella digital bordada en la cintura. / el baile en nuestros pies / y los amaneceres repletos de luz” (‘Entre tu isla y la mía’). Desde esa palabra va repasando la vida; en los poemas, como faros guía en la noche, exhibe “todas las ásperas formas de contar la vida” con intensidad y belleza, nunca ausente la belleza creadora de imágenes, sin entregarse al embeleso. La realidad poética que va creando Amarilis con “milagros verbales” -y ahí está la perplejidad ante el inmenso caudal significativo e inesperado de la palabra-, es una mirada personal a la cotidianeidad enraizada en el tiempo propio y ajeno, vivido o, tal vez, soñado.

 

La poeta puertorriqueña recuerda con frecuencia, “me sano emocionalmente escribiendo”; sin embargo, para Farugh Farrojzad, también poeta, persa, la poesía es como un amigo íntimo con el cual puedo descargar mi corazón.

     

Cada ola del mar Caribe, cada marea bravía o muda es una pulsación que marca el ritmo del corazón de Amarilis Tavárez como lo hacen el guaguancó o la bachata. El clima, sin embargo, “diseña la mirada” y la orienta hacia algún otro trópico, real o imaginado. Cualquier isla es hija del mar, de los vientos y huracanes, de la vecindad negada. Hay una isla, posiblemente con nombre propio, que ha quedado a vivir en Amarilis y en los poemas de este libro; ella es consciente de que “escribe hasta cuando no escribe”.

 

Todas las islas, al fin, son cualquier isla.

 

Aún es tiempo de Poesía; siempre será tiempo para la Poesía.

martes, enero 23, 2018

hastío por Mía Gallegos



Revisando documentos de hace algún tiempo, encontré este comentario que la poeta costarricense, MíaGallegos, escribió sobre mi poemario hastío, publicado por Isla Negra en 2014.  Lo comparto. 


HASTÍO
Por Mía Gallegos
Una nueva obra poética de Amarilis Tavárez nos toma de sorpresa, y ese sentimiento de suspensión que genera parte del título del poemario intitulado “Hastío”, también nos obliga a meditar. Al leerlo por primera vez, y al releer los poemas en varias ocasiones, siempre se me vino a la memoria el concepto de “spleen” de los poetas modernistas, esos poetas, que al igual que los de generaciones posteriores, en la que es menester incluir a los poetas contemporáneos, siempre han visto con dolor, con tristeza, con hastío las leyes del rudo mercado de la sociedad capitalista.

Empieza Amarilis su libro con tres epígrafes que hacen referencia clara a la inocencia; una inocencia perdida, una inocencia que ya no es una  cualidad o una virtud del mundo actual.  Esa mirada prístina no la acompaña a ella, al menos así se puede constatar a través de sus versos. Y es que no ha quedado ningún cimiento en la sociedad que nos mira sobrevivir y nuevos valores están apenas balbuciendo.

Un gran poeta costarricense, Isaac Felipe Azofeifa, decía a mediados de la década de los años ochenta que en la hora actual existe el oscurecimiento de la poesía.  Sus palabras quedaron resonando en mi mente, y siempre que leo poesía tengo presente esa especie de sentencia que el poeta lanzó; por lo tanto, constantemente me pregunto cuáles son las razones para que dicha oscuridad esté presente y que de paso nos agobie.  

Al parecer ya todo está pensando… No quiero creer que esto sea cierto, pero si ya todo se pensó, se discutió y se meditó, no existe la posibilidad de mirar inocentemente la realidad en la que nos toca en suerte vivir. Se desmoronaron las ideologías, la economía capitalista hace crisis en diversas partes del orbe; ciertamente la ciencia avanza y la tecnología nos ha convertido en seres que miran la realidad virtual, la huelen, la sienten y son adictos a esta.

¿Qué le queda al pensamiento, a los pensadores, a los poetas?  Todos estos seres tienen muy poca cabida en este reino de máquinas, de mensajes instantáneos, de prisa, de imágenes que se imponen y en donde parece que las palabras no siempre significan lo mismo o no sirven para denotar.

Esto que he señalado en los párrafos anteriores es el trasfondo que se logra vislumbrar a través de los poemas de Tavárez. Pero hay más, ahí, adentro, en cada vocablo, en cada omisión, en donde la poeta se contiene y nos obliga a pensar y repensar. Y es que ella, movida por una emoción que se contiene, no explica, solamente sugiere y en algunas ocasiones increpa y en otras balbucea.

Debo decir que ignoro las preferencias literarias de Amarilis, no logro desentrañar cuáles han sido sus maestros en el campo poético.  Y aquí debo señalar que, como soy adicta a las obras del francés Albert Camus, encuentro una suerte de conexión con el cuestionamiento que sobre el absurdo realizó este pensador.

Hay hastío… hay pérdida de la inocencia.  Me pregunto si la poeta se agobia frente un mundo hábilmente manejado por “la razón”, en el que no hay cabida para la vida inconsciente, para la vida del instinto, para la recreación de nuevos contenidos ideológicos y humanísticos, valores que no parecen tener un asidero en la actualidad.  Si la inocencia se pierde, se abre un camino: el del cinismo.  Es justamente ahí cuando surge una voz que increpa.  Y ese, precisamente uno de los hallazgos de estos breves e intensos poemas.    

Y así con las palabras de Olga Nolla leo los poemas de Tavárez: “ya hasta mi inocencia se sabe diabólica…” Son las leyes del mundo las que se imponen.  Han caído muros, ideologías y también las palabras y sus contenidos.  Esta misma incertidumbre la enfrentaron los escritores y artistas que plasmaron sus obras en los períodos de guerras y entre guerras en el siglo XX.  Mas las guerras continúan y quizás debamos enfrentarnos a los peligros y consecuencias de una guerra que nos englobe a todos.

Los poetas, que son, como dice el escritor Ezra Pound, las antenas de la raza, son ellos quienes perciben de primeros los cambios que van a desencadenarse en la sociedad.  Amarilis intuye que este “orden nuevo” no es apto para las artes.  Las voces de los vates deben increpar, cuestionar, llamar al pensamiento.

Para muestra, transcribo el poema 18, que dice así: bostezas/ miro estas uñas mordidas/ suena la cifra de lo que va del año/promulgo el tambor/ sacudo mi vientre/ entrego la ciudadnía/ regalas tu nacionalidad/ aprendo historia/ me atraganto de rabia/ quiero justicia/ vuelco mis arsenales de hambre rencores/ olvido las cifras/ tiemblo sin alivio/ vomito/ bostezas.

Tal y como puede observarse, el poema empieza con el verbo bostezas, lo que le da al poema una estructura circular.  En este poema, Tavárez expresa la conciencia del pueblo puertorriqueño al enfrentarse a la pérdida de ciudadanía, a pertenecer a un país que en las actuales circunstancias es un estado asociado a los Estados Unidos de América.

La poeta “se atraganta de rabia”, vuelca sus arsenales… he aquí que nos habla con elementos de la guerra… Su punto de vista es cuestionador.  Y, por supuesto, no hay inocencia, tampoco cinismo… Solo ha quedado la certeza del dominio. La presencia del sustantivo tambor, por otra parte, nos habla de la importancia de hacer resonar las palabras.  El bostezo inicial y final, tan solo se refiere al hastío.
El poema 6. Es muy emblemático de esa búsqueda que emprende la poeta a través del poemario: “necesito brújula/ orientación/ el preciso lugar para vaciar mi vejiga/ hinchada de caldos y vapores." En este poema es interesante apreciar que un sentimiento de búsqueda se traslada al ámbito físico, y es justamente en la vejiga donde se anuda la necesidad de orientación.

En otro poema, Amarilis nos dice que sobran poderosos, nos muestra así las desigualdades económicas y del reparto del poder que se vive en occidente. La mirada también se fija en la miseria y en el miedo. La muerte de mujeres, el femicidio es uno de los temas presentes.

Mas el miedo del que nos habla la poeta se centra, asimismo en el terror de que sus padres mueran y que Dios no exista.  Para ella, sin duda, estas serían los dolores más intensos que genera ua realidad bsurda.

El tema de la finitud, de la muerte y su certeza, también recorre estas páginas, como cuando Tavárez sentencia: “nuestro destino seguro de gusanos”.  Y mientras tanto, ¿qué nos queda?  Nos quedan las palabras para increpar, para retratar la realidad, para golpear un mundo deshumanizado, en el que en apariencia no hay una salida.  Estamos todos atrapados.

Mas yo, me dejé apresar por estos poemas y el mundo que nos expresa.  Y con Amarilis Tavárez Vales también protesto, increpo, cuestiono y, escribo, pues sé que algo quedará, aunque sea como testimonio.