martes, febrero 03, 2026

Silencios

 

Consumir el aleteo de una mosca

que crea remolinos en los espacios sobrantes entre

un libro y un café.

El silencio es la caricia

o la súplica -tal vez- de un caminante perdido a propósito.

 

No he estado

en medio del ruido lastimoso de bombardeos.

No en medio del caos ensordecedor del silencio que deja la guerra.

Caminamos manos inquietas y gargantas crudas.

¿Será ello la guerra?

El trueno de los pies adoloridos y la queja tragada.

Un disparo ajeno o el frío de alguna bayoneta virgen.

 

Pero sé de otro silencio.

El que me ha sido negado entre estas paredes locomotoras

que se acrecientan en mis sienes

estorbando en la oscuridad del descanso.

Sobre la mesa saludable han puesto pan decadente y agrio

el valor entonces se afeita las uñas para emigrar.

 

De estas piedras busco extirpar los imanes

que ondean vibraciones sobre en mis oídos.

Devorar el repertorio de la ruina

diversa

desordenada

¡joder! arruinada.

 

De este instante busco alisar sobre el puente el mareo joven

que ofrecía progreso y aciertos.

Qué asqueante porvenir

áspero

tembloroso

en el bullicio de los murientes.

 

Nombrar el silencio es envenenarlo.

Ultimar el aplauso de las hojas

el susurro del viento que se disfraza el pasado

el ladrido del mar que nos sabe a aceite

y también el quiebre del cuerpo

bajo otro cuerpo.

 

Da igual. Esto es un poema sin armonía.

Silencioso a medias. Aguado.

Porque no la hay.

 

No hay armonía.

No hay regreso.

No hay silencio.

 

No.


Poema inédito. Texto en revisión.


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